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martes, 13 de septiembre de 2011

Memorias de un cazurro empedernido V

Mi abuelo Clotildo siempre me decía que los burros más grandes son las personas, y mi abuelo siempre tenía razón, que él fue el único del pueblo que estuvo una vez en la capital. Lo que más sorprendió a mí abuelo de ese viaje fue la de gente que había, que al parecer todas las calles estaban repletas de gente, muchas más, me dijo, que las que se juntan en la Feria de los Gorrinos que se celebra cada año en la Plaza Central; además todos iban con prisas a todos lados, parecían avispas saliendo y entrando de su avispero. La diferencia, decía, era que ellos no parecían saber a dónde se encaminaban.

Gracias a mi abuelo aprendí más que otros del pueblo, así que cuando le compré un borrico al Benancio decidí ponerle Clotildo. Enseguro que mi abuelo, allá en el cielo, me lo agradeció.

sábado, 2 de julio de 2011

Memorias de un cazurro empedernido IV

Uno de los días más tristes de mi vida fue cuando murió mi mulo Bartolo.

Bartolo siempre me había servido bien, ya fuera tirando del carro lleno de piedras o paja, o tirando del arado, con el cual hacía unos surcos en la tierra de más de dos metros de profundidad de la potencia que imprimía (solía decir que tenía 100 caballos de potencia). Todo fue por culpa de la burra del vecino, a la cual quiso cubrir y por la que murió de un infarto al corazón. Desde entonces me he negado a meter más animales en casa, salvo una cabra de vez en cuando.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Memorias de un cazurro empedernido III

La Mariana fue la primera novia que tuve (humana). No era la zagala más guapa del pueblo, lo reconozco, tampoco es que fuera muy femenina, pero tenía eso que no tienen muchas mujeres, y que sin duda le daba un toque exótico a la vez que rústico. Y es que su bigote no era un bigote cualquiera, no eran pocos los que la confundían con don Robustiano, el alcalde, cuyo mostacho era conocido en toda la comarca por su porte y frondosidad, de hecho Mariana ganó en una ocasión el concurso de bigotes comarcales, aunque es cierto que no se inscribió al mismo y al final se lo dieron al Benancio. Por desgracia nuestra relación duró poco, ya que se negaba a depilarse las piernas.

jueves, 13 de agosto de 2009

Memorias de un cazurro empedernido II

Hablando de primeras veces. Jejejejeje, ay, ahora me viene a la cabeza la primera vez que lo hice, el día que perdí la virginidad (suspiro).

Fue en mi 37 cumpleaños, mis padres me recibieron al venir del huerto con los brazos abiertos, me esperaban con un enorme bizcocho lleno de velas encendidas y con un buen vaso de Cola-Cola como a mí me gusta, con medio de leche y medio de cacao. Mis padres insistieron mucho en que subiera a la habitación, una y otra vez me lo pidieron a pesar de que yo aún no estaba cansado, así que por aburrimiento les hice caso. Mi sorpresa no pudo ser mayor cuando abrí la puerta, sobre mi cama había una caja de Duretex Love y junto a ella me esperaba todo un ejemplar de hembra en celo. Yo, ni corto ni perezoso se lo hice no una, ni dos, ni tres, sino siete veces, la pobre gozó y berreó más que ninguna cabra que jamás haya conocido. Fruto de ello hoy tenemos más de diez cabritos (los condones se me olvidó ponérmelos).

lunes, 10 de agosto de 2009

Memorias de un cazurro empedernido I

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que me lavé las manos después de dar de cuerpo. Fue algo tan refrescante, tan novedoso. Mis manos no sólo estaban limpias, sino que olían bien e incluso estaban más suaves. Da gusto recordar momentos tan buenos como aquel. Aunque, ahora que me acuerdo, ¡si realmente fue ayer!