martes, 31 de enero de 2017

Luna

Durante un periodo vacacional particularmente largo (y agradable) la solía sacar a pasear. Eran sus primeros meses y tenía la manía de hacer sus necesidades en el pasillo o cualquier otro rincón de la casa de mi hermana. El día en que orinó en la calle, en uno de los habituales paseos,  la felicidad inundó el hogar y casi se montó una fiesta cuando, poco después, hizo "aguas mayores".

Hace muchos años de eso, pero antes de que ayer pasase lo inevitable, las pasadas navidades tuve la fortuna de pasear con ella otra vez, llevarla al parque a que olfateara todo lo que se ponía a su alcance y volviera a realizar un gesto ya habitual. No, no es que disfrutara recogiendo con una bolsa las deposiciones de Luna, pero sin duda echaré de menos no poder volver a hacerlo nunca.

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